martes, 8 de septiembre de 2009

Yo creo en Casandra...

Casandra: hermosa hija de Hécuba y Príamo, fue sacerdotisa de Apolo. El dios, enamorado de la joven, le prometió el don de la profecía si aceptaba entregarse a él. Ella aceptó, pero una vez iniciada en las artes de la adivinación, se negó a cumplir su parte del trato. Apolo, airado, le retiró entonces el don de la persuasión: aunque ella dijera la verdad, nadie la creería. Casandra nunca sería creída en sus pronósticos. Y, así, anunció repetidamente la caída de Troya pero nadie le prestó atención..




Casandra vio en sueños el futuro. En la sombra de una pesadilla Casandra leyó los versos de ese poema que aún no han escrito los dioses que, riendo, la hirieron con su maldición. Supo del hambre y de las guerras de siempre, de bufones celebrando el odio, bailando entre hogueras, de despedidas y de monstruos minerales bebiendo insaciables la savia dulce del planeta.
Casandra vio a hombres y mujeres dormitando en sus burbujas tras las máscaras del miedo. Mas también vio la luz del alba asomar por la cancela que nadie jamás abrió. Supo que aún quedaban esperanzas, que otros sueños la esperaban. Casandra habló a todos de sus sueños mas nadie la oyó.
Nadie creyó en Casandra y sus visiones y la gente sólo vio en su augurio delirio y locura. La condenaron a vagar perdida y sola. Herejía es mostrar la verdad descarnada y desnuda. Abandonada, tras los años la encontró un muchacho que andaba buscando esperanza y respuestas. Casandra habló con pasión de sus presagios y de la luz del amanecer brillando tras la puerta.
- Creo en ti Casandra. No estás loca. Se besaron y en su boca florecieron madreselvas. -Dulce Casandra, ponte de pie. -Yo te he conocido antes. Quizá te soñé. Hay quien duda ya y cree en la leyenda. Juntos buscarán la puerta. Dulce mañana. Yo, no sé tú... creo en Casandra.
Hay quien duda ya y cree en la leyenda. Juntos buscarán la puerta. Dulce mañana. Yo, no sé tú... creo en Casandra.

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